lunes, 23 de agosto de 2010

24 Lecciones humildes sobre los sentidos - Héctor Ranea



Mapa de las papilas gustativas


Amargo
El sabor amargo atrás, decía ella y le hacía probar unos besos en los que le decía adiós y él sentía, con profunda congoja, que la base de su lengua moría.


Salado
Cuando se besaron comenzaron por los labios y fue bueno. Explorándose las caras hallaron el derrame de las lágrimas y su tibieza salada hizo explotar las puntas de sus lenguas. También despojó los cuerpos de todas las ropas.


Dulce
Se cortó la punta de la lengua pues nunca un beso sería como ése, que dejó tan indeleble en la punta de la lengua la dulce sensación de la fantasía cumplida.


Agrio
¡Ay! ¡Desintegraría la columna central de mi lengua para no volver a tener en mí ese áspero, ácido sabor de una despedida en ésta u otras vidas!


Umami (Rico, delicioso, bueno)
Llegando a lamer ciertas partes del cuerpo el gusto a jamón recién abierto, a vino perfecto, a frutas maduras como el ser amado, toda su lengua se incendió y esa luz iluminó las nuevas propuestas que les nacieron.


Mapa del ojo


Visión
En cada capa de la retina tenía una figura amada bordada. Todo lo que leía, miraba, admiraba estaba en ellas. Mirando una pintura podía imaginárselas a todas en una historia con él, dentro del cuadro.


Color
–Te ven en tres colores –le dijo ella refiriéndose no a sus ojos, precisamente.
Para saber con qué parte decía que le veía, comenzó a tapar las posibles ventanas:
–Ahora han quedado ciegas –dijo ella, al sellar ciertas hendiduras.


Profundidad
Con el ojo izquierdo no te veo completa. Tampoco el derecho ofrece la certeza, ni ambos a la vez, de que estés ahí tal y como te deseo. Tengo que abrazarte para sentir tu tridimensionalidad.


Gris
La noche encorva al lobo en gris. Al gato en pardo. Tus ojos siguen siendo negros.


Negro
Hubo un tiempo en que el futuro de él y ella pasó a ser negro a los ojos de los otros. Sólo porque no tenían los ojos de él y ella.


El poder del tacto


Manos
Aunque en las manos las cicatrices y los callos hayan dejado poco lugar al mundo sensible, cada vez que se posan en ciertos lugares del cuerpo amado, hacen hervir la sangre y brillar los ojos.


La otra piel
Cada centímetro cuadrado de piel contiene tantas terminales nerviosas que ella puede distinguir dos lágrimas que la recorren paralelas separadas por la distancia de un beso el día de la partida.

Caliente
Para tocarla, a veces necesitaba guantes tan gruesos que no habría sabido decir en qué Sol había metido el pensamiento.


Frío
Nada hay más frío que la ira.


Rugosidades
Él pasa una parte de su lengua por esos lugares en que la piel puede arrugarse aunque la juventud mantenga lozano todo el resto. Es entonces cuando encuentra cuán magnífico es el sentido del tacto.


He oído


Lamentos
Pasa la mitad del tiempo lamentándose la morosidad de su amante. Los lamentos se le acumulan en un caracol que desciende por el cuerpo hasta atenazarle el corazón.


Gozos
Absortos en los cuerpos amados, los amantes escuchan los mínimos fragores de esa bella lid a través de otros órganos que no son los oídos.


Gritos
Al gritar en el momento de más júbilo, ella pudo haber quitado las alas a las mariposas. En cambio  hizo que los saltamontes se adornaran con plasmas de luces titilantes.


Susurros
A través de una gruesa pared de hormigón, el preso escucha del otro lado a la pareja de adolescentes que entre medio de susurros, adivina, están amándose.


Agudos
Los sonidos agudos se escuchan en la punta del caracol, dijo el profesor. Ella recordó sus gritos de anoche y asintió sonriendo. El docente al verla imaginó quién sabe qué gritos en medio de la clase.


Graves
Los cantos varoniles se registran en la parte gruesa del caracol, donde el cuerpo vibra con más fuerza, pensó ella en los labios recónditos.


Olores


Profundos
El olor al sexo lo tenía grabado en el mismo lugar en que saboreaba el mejor vino. Murió bebiendo palabras con el tacto indemne de quien toca siempre en el lugar elegido.


Urticantes
Pasa diariamente por la casa donde viven las cuatro prostitutas del barrio. El olor a mujer le lacera desde la punta de la nariz hasta el fondo de la lengua, pero le duele en donde debería tener la billetera.


Recuerdos
Ella se recuesta donde su cuerpo amado dejó los olores grabados antes de partir. No puede contar sus sueños a nadie.
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1 comentario:

Javi dijo...

Ay, Ranea. ¿Por qué ponemos los cinco sentidos en el amor?
Enhorabuena por estas ráfagas que huelen a sexo, en las que se oye el amor, saben a él y tienen su tacto. Y en las que también se deja ver el sentido común de quien las escribió.